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jueves, 19 de diciembre de 2013

Sostenibilidad

Imagen tomada de la Red

Siempre fui más de ciencias y números que de letras y literaturas. Desde bien pequeño me fascinaron los animales, la naturaleza y descubrir el porqué de las cosas. Si mis padres me contestaban algo que no me satisfacía, seguía insistiendo convirtiéndome en un auténtico plasta. Me rodeé de libros y revistas divulgativas, las tenía todas, las de Muy Interesante, las de Natura, las de National Geographic, las de Geo... y no faltaban los documentales que podía ir grabando en La 2 de televisión española. 
Como no podía ser de otra manera, escogí una carrera de ciencias que disfruté y superé con holgura y gracias a ella me ofrecieron el puesto de trabajo con el que me gano la vida. 
Durante mis años universitarios conocí a la que hoy es mi mujer. Ella me cambió un poco la visión de la vida que tenía hasta entonces, provocó podríamos decir un terremoto en mi estabilidad emocional. Empecé a descubrir qué eran los sentimientos, me di cuenta que todo no es dos más dos y aprendí a observar cómo las palabras podían adquirir vida propia, hasta el punto de que en ocasiones, borrachos de amor, nos dedicábamos poemas. 
Fue una época bonita, en la cual podíamos tocar las nubes con nuestras manos incluso las manecillas del reloj para mi asombro se paralizaban y el pulso se aceleraba al estar cerca de ella. 
Tras esta temporada, todo volvió a la normalidad, al menos por mi parte. Pero como compruebo día a día, ella parece que necesita recibir todo el tiempo cariños y arrumacos. Y si no lo haces, pasa algo. Huelga decir que a mí a veces sí me apetece, pero otras, no. Serán los genes masculinos. No sé. Reconozco que dedico muchas horas a mis experimentos y estudios para el laboratorio. ¡Es mí trabajo! Y no lo entiende. Hasta se enfada. 
Antes de que sea demasiado tarde he de encontrar una fórmula para que comprenda la situación, que en el término medio está la virtud, que lo poco agrada y lo mucho cansa. 
Por suerte, creo que ya sé cómo hacerlo. 
Cuando llegue a casa, le daré las buenas noches y un beso o dos si hace falta. La sentaré en una silla y le explicaré, que no es lo mismo un beso al saludarnos y/o despedirnos que una ráfaga de ellos cada diez minutos, que los besos no son una fuente de energía renovable, requieren su tiempo y conlleva un gasto energético elevado. Debemos aprender a ahorrar para que no nos falten mañana. 
También le explicaré que de vez cuando le puedo regalar gustosamente unas rosas, pero que no es sostenible querer recibir día sí y día también un ramo de ellas. 
Por no decir de su manía con tomar todos los sábados un baño los dos juntos, no se le mete en la cabeza que el agua es un bien escaso. 
A tal grado llega su dependencia y demostración del amor que se empeña en dejarnos pósit por toda la casa. En la cocina, en la puerta de la nevera, en el espejo del lavabo, en la mesilla junto a la cama, todos los sitios le parecen buenos para recordarme que me quiere y que soy el hombre de su vida. Siempre le contesto que lo sé, que no me olvido, que el sentimiento es recíproco pero que por el bien de los bosques, deberíamos ahorrar papel. 
Confío en que una nota, como le gusta a ella, sirva para dejarle claro que espaciar las muestras de amor es favorable para el Planeta.

6 comentarios:

Miguelángel Pegarz dijo...

La verdad lo de esa mujer es dependencia, porque con este tipo una relación es insostenible.

Lola Sanabria dijo...

¡Qué horror de hombre! Todo tan medido da una frialdad tremenda. Mejor que no me sostenga.

Abrazos porque sí.

Fran Rubio dijo...

"Si todo fuese como el primer día, yo también me casaría", dijo el Sabio.
Yo creo que esa mujer ha atracado la fábrica Duracell, no es normal que le dure tanto.
Original micro con lección ecológica incluida, David.
Un saludo.

Luisa Hurtado González dijo...

No veo yo que vaya a entender los argumentos. Como Lola, un poco de miedo, pero... ¿de quién? ¿de él o de ella?

Juan dijo...

Micro largo, más de lo normal en ti. Te quedó original, un poco agobiante, no sé si más él o ella, jajaja. El mensaje, sostenible, lo mejor. Saludos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

¡Excelente construcción de personaje, David! Buen micro, sí señor.

Un abrazo,

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