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viernes, 15 de agosto de 2014

POR UN PUÑADO DE DÓLARES (Ignacio J. Borraz) - FUERA DE CONCURSO-

Imagen tomada de la Red 

Jack Kirby experimenta emociones contradictorias desde que, con sorpresa, se ha topado en la carretera polvorienta con aquel casino y se ha detenido. La sorpresa porque cree haber pasado ya varias veces por esa carretera sin verlo y el casino es de todo menos nuevo con esa madera añeja de la barra y esos pieles rojas ancianos. Ahí llega la segunda emoción: desagrado. Si llega a saber que iba a estar infestado de esos pelilargos malolientes no se habría detenido; ojalá sus antepasados los hubieran exterminado. Son mala gente, él lo ha sabido siempre, silenciosos, siempre ocultando algo y llorando por las tierras que perdieron. Haber luchado mejor, joder. Sin embargo, la tercera emoción le embarga: está ganando una buena pasta, una muy buena pasta. La ruleta parece ser su cómplice y siempre acierta color y en algunos casos incluso el número. Los iniciales doscientos dólares que ha cambiado al entrar, echando una ojeada rápida a sus fichas, deben ser ya casi dos mil. Al menos, va a desplumar a esos ridículos indios. Le viene a la cabeza una imagen de un indio con su sombrero desplumado y casi se ahoga dando otro trago a su bourbon. Sabe un poco arenoso. Ha pedido Jack Daniels pero seguro que es alguna mierda de segunda categoría. Da igual. Con la pasta con que se va a ir piensa comprarse una caja de Gentleman Jack. Le encanta llevar el mismo nombre que su bourbon favorito. Se siente algo mareado y, de repente, se da cuenta de que la ruleta ha dejado de girar. Pega un golpe en la mesa contrariado y acude a él un indio mejor vestido que los demás, le pide disculpas y le sugiere probar el juego final: 
-"Tiene un gran premio. Sígame a una sala especial, caballero". 
Jack le sigue, han entendido que él es un cliente preferente. Al final, incluso puede que esté bien que hayan sobrevivido algunos de esos pieles rojas. El indio abre una puerta y le cede el paso. Siente un mareo y como si se precipitara al vacío. Toma una bocanada de aire arenoso y lo escupe con asco. Está tumbado sobre la arena del desierto. A su alrededor solo hay dunas y formas que se mueven en la oscuridad. Ve difuminarse, con una sonrisa en el rostro, la figura del indio elegante que le guió. Cuando termina de desaparecer ya solo queda él. Él y los ojos amarillos de los coyotes, danzando, ávidos.


1 comentarios:

David Moreno (No Comments) dijo...

Gracias Ignacio por enviar este microrrelato que quedará fuera de concurso por su extensión, que sobrepasa las 250 palabras. Queda abierta la posibilidad de otro envío que reúna las condiciones para participar de lleno.

Blog: Fuego y Cenizas
http://fuegoycenizas19.blogspot.com.es/

Si alguien quiere hacer un dibujo, ilustración de este microrrelato será bienvenida, si consigo que haya una para cada uno los podría añadir en el archivo pdf preparado con todos los micros presentados

Un saludo indio
Mitakuye oyasin

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