Imagen tomada de la Red
Lucas colecciona guantes de todo tipo. De lana gorda, para proteger los dedos en el invierno. Térmicos, vitales en las excursiones por la alta montaña. Negros, marrones, azules, de todos los colores. De cuero, ideales para ir en moto. De látex, para arreglar el jardín. De seda, para jugar al golf. De boxeo, para liberar tensiones. De ciclismo. De neopreno. Todos bien ordenados y clasificados. Por eso cuando una noche de verano, comprobó uno de los pares, del revés, supo que era una señal, el momento de dar un giro a su vida y romper con la monotonía. Le diría a su mujer que tenían que hablar, que ya no hay quien la aguante.



